EL ANILLO DE COMPROMISO

El novio le da el anillo a la novia para simbolizar su amor sin final, por su forma circular. Aunque hay de muchos materiales, los más comunes están hechos de oro y diamantes, lo que significa que el amor será tan fuerte y puro como esos materiales. Se lleva en el dedo anular por la vieja creencia de que la vena de ese dedo llega hasta el corazón.
En el pasado, cuando la propuesta era un procedimiento más formal, el futuro novio enviaba a sus amigos o miembros de su familia en su representación para que conocieran a la futura novia y su familia. Si ellos veían un hombre ciego, un manco o una mujer embarazada durante su estada, se pensaba que el matrimonio podía estar predestinado al fracaso. Sin embargo, nodrizas de varones, pichones de paloma o de lobos eran buenos signos.

LAS ALIANZAS

La costumbre de intercambiar alianzas el día de la boda durante la ceremonia, viene de muy antiguo. En el siglo XIII a.c. , los egipcios ya intercambiaban alianzas. En la antigüedad los maridos celebraban un rito para asegurarse de que los espíritus de sus mujeres no les dejaran demasiado pronto. El marido ataba los tobillos y las muñecas de su mujer con cuerdas de hierba con la creencia que esta atadura mantendría su espíritu dentro. En el tiempo del imperio romano los anillos eran de hierro; los de oro sólo podían ser usados por senadores y magistrados. Luego, la costumbre se expandió a otros estratos socioeconómicos. Las alianzas empezaron a usarse en el siglo V, pero costó para que la Iglesia las aceptara como parte de la ceremonia.

LAS ARRAS

Las 13 arras representan en el rito mozárabe, los bienes repartidos en los doce meses del año y una más para compartir con los pobres. El novio le hace entrega a la novia como símbolo de que los bienes materiales de ambos serán compartidos y de que no faltarán en casa. El número trece -cantidad de monedas- es de buena suerte.
En la antigüedad, las arras constituían una garantía de cualquier obligación aceptada o convenida. No eran una dote del marido, ni siquiera un residuo del antiguo precio de la mujer. Calificadas como garantía del acuerdo o promesa de matrimonio (el arra responsalicia), son una institución de origen oriental recogida por el Derecho Romano para reforzar el cumplimiento del acuerdo convenido entre los esposos: si se incumple la promesa de matrimonio, se pierden las arras.
En el Derecho Romano fueron consideradas como una donación, sponsalitia lergitati, y el Derecho Germánico-Visigodo establecido en España sigue esta línea con el apoyo de la Iglesia.
No obstante, los textos legales españoles formulan generalmente limitaciones al valor de las arras, que en no pocos casos resulta excesivo. Un documento toledano de 1530 señala que está establecido que nadie puede dar arras a su mujer por un valor superior a quinientos sueldos.

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